Purple Eyes #3: Más monstruos.

2-2-1986
Hellen está de tres meses y las cosas van de mal a peor. Hellen cada vez me ama más, si, pero mi trabajo ha cerrado por el asunto de la niña. Podéis pensar que es algo bueno, pero no es así, porque en unos meses abrirá una nueva pizzería, y si, estoy contratado.
El establecimiento será más grande, con más monstruos de esos. En un principio iban a reparar a los antiguos “amiguitos” de siempre, pero se decidieron por crear unos nuevos y más… Agradables a la vista.
Yo, desde luego, no lo veo así, esos bichos son horribles de todas las formas.
También van a encerrar a Spring Bonnie y renombrarán a Spring Freddy, llamadolo Golden Freddy. Golden Freddy será usado para fiestas de cumpleaños exclusivamente, y, por temas de seguridad, le han quitado los cables, convirtiendolo en un traje cien por cien seguro, a no ser que la palanca, oxidada por los años, se quede atascada. Entonces, te quedas atrapado en el traje hasta que llega el técnico.
Mientras tanto, yo paso los días en casa, recibiendo mi paga mensual de siempre a través de la oficina de paro y viendo cómo aumenta el vientre de mi esposa.
Si es niño le vamos a llamar Evans, como mi padre, y si es niña, Victoria, pero los dos deseamos que sea un niño, por respeto a Lizzy.
Tengo miedo de que vuelva a salir ese otro yo que no me gusta, ese hombre que sé que podría hacerle daño a mi Hellen. Ese yo que odio con toda mi alma, pero que a la vez me encanta, que adoro, porque sabe impartir su propia justicia de manera perfecta.
Desearía ser más como él, porque yo soy solo un calzonazos que acepta y no le protesta a su jefe, que se lo guarda todo para si mismo. Pero a la vez, tengo miedo de hacerle daño a Hellen.
Recuerdo cómo la conocí. Por aquellos tiempos era un pandillero de Montana a quien se la sudaba todo. Fumaba porros, bebía para emborracharme… Cosas de adolescentes. Entonces la vi en una excursión de su colegio, con su uniforme bonito y cuidado de escuela privada. No me costó saber en qué colegio estudiaba ni en qué estado vivía, ya que era una academia muy conocida. ¿Que dónde? En Nueva Jersey, claramente. La miré, me miró ella también y cuando me iba a acercar, dejó de mirarme. Entonces me decidí, iría a por ella, y por eso dejé de fumar, ya que costaba mucho dinero y ahorré para ir a verla, soñando con su rostro, solo para convencerla de que se escapase para venir conmigo ¿Qué podría salir mal?
Eso es el amor a primera vista, y no las idioteces que ponen en las películas.
Y entonces trabajé, dejé la banda y dejé los estudios para hacerme un hombre de bien… O eso creía, realmente me arrepiento de haber abandonado la EGB.
Cuando tuve el dinero, era navidad. Como mis padres ne habían echado de casa solo tenía una bufanda y un abrigo algo gordo. No sé cómo no me he muerto, con el frío que hace en Montana.
En cuanto llegué, corrí a buscarla. Estaba claro, academia privada Ritchenberg, área femenina ¿Dónde estaba el fallo…? En que eran vacaciones de invierno, imbécil. Y entonces te dormiste en la entrada, aguardando a la suerte… O a la muerte por hipotermia. Pero antes de que eso sucediese, cuando ya tenía los dedos entumecidos del frio y la boca y la garganta secas, algo me agitó. Abrí los ojos y vi a una joven con una larguísima melena castaña, ojos azules, alta, aunque no más que yo, y con el uniforme del centro. Era ella. Me preguntó que qué hacía ahí, pero tenía tanto frío que no pude contestarle, así que volví a cerrar los ojos. Y cuando los abrí estaba en una cama de hospital, con ella al lado.
“Dime que me has estado cuidando”. Esa fue lo primero que me vino a la mente. Y ella asintió, muy despacio. Después de eso, fue la hora de explicarle por qué estaba ahí. Ella me escuchó atentamente, y cuando terminé, se rió y gritó que estaba loco. Y me veo hoy en día y, en verdad, estoy loco, pero no como decía ella, estoy loco de remate.
Cada vez que recordamos esta historia, me quedo pensando. Pensado en cómo era antes y en cómo soy ahora. Sigo siendo Joseph, pero soy… Distinto. De no ser por Hellen ¿Dónde estaría? Tal vez en una esquina, adicto a la droga, o muerto de sobredosis… Quién sabe.
Creo que sin Hellen estaría muerto, por eso la considero un ángel, mi diosa. Por eso le permito todos los caprichos que me pide, porque por ella es que estoy vivo.
Ojalá por ella muera ese otro yo, ojalá muera y ojalá no salga más.
Y ojalá pueda quedarme con ella para siempre.

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