Purple Eyes 4: Jeremy.

18-1-1987
El niño tiene ya un mes, y desde hace dos días me traspasaron a la guardia diurna, ya que la esposa del jefe insistió en que no era bueno para mi estar cerca de esos animatronicos, no a solas. Ella es la única que entiende el hecho de que aún sufro con lo de Lizzy. Aún así, sigo ocupándome yo de darle las instrucciones a los novatos. Ahora, un tal Jeremy se encarga de la guardia nocturna, y cuando agarro el teléfon mi otro yo se encarga de engañarlo. Mientras, el calzonazos de mi mismo se entretiene al oirlo e imaginárselo, y entonces, los dos yos nos excitamos al planear el asesinato. ¿Que qué asesinato? Bueno, en una semana la policía va a cerrar el local, ya que alguien, que lo juro, no fui yo, modificó a los animatronicos, pero como lo primero son los niños, hemos decidido abrir por última vez para una fiesta de cumpleaños. Y ahí entra mi otro yo. Hará lo que mejor sabe y se vengará del jefe. ¿Y sabéis por qué de todas las fiestas tenía que ser esa? Es el cumpleaños del hijo del jefe.
Lo que ahora me preocupa es el misterio de quién modificó el reconocimiento facial de los animatronicos, el cual, curiosamente, no me afecta a mi. Podría ser Hellen, ya que estos días anda un poco más… Extraña, y no para de decirme que tenga mucho cuidado. ¡Pero qué estoy diciendo! ¡Es imposible! Hellen es demasiado inocente.
Evans es increíblemente listo, cuando dices cualquier palabra, mira al objeto al que corresponde. Estoy seguro de que hablará muy pronto.
Además, Evans sabe todos mis secretos, los míos y los de el otro Joseph. Y él no me juzga, no dice que estoy loco. Me mira y hace un suave gemidito de bebé. Supongo que quiere decir que a él no le importa, que hago bien. O eso quiero pensar, a lo mejor ni siquiera me entiende. O a lo mejor si, y está pidiendo ayuda en ese idioma secreto que tienen los bebés, un idioma que nacimos entendiendo y que poco a poco cae en el olvido.
En el trabajo, los niños no paran de ensuciarlo todo. Es increíble cómo hacen para no criarlos en casa, para dejarlos en el colegio y obligar a los pobres profesores a criar a esos animales salvajes. No es normal que un niño de seis años se cargue a un animatronico, dejándolo horrible. Supongo que es normal que Golden atacase a mi hija, esas máquinas no pueden distinguir un monstruito de un angelito.
Cuando pienso en ello, siento pena por The Mangle, porque habían trabajado realmente duro para que quedase “Hermosa”, y ahora ha quedado como un bicho horrible.
Quien no me gusta es la marioneta. Ese bicho es el único que no me confunde, el único que me mira con desconfianza, como si el alma de esa mocosa hubiera entrado en la marioneta. No sé, no me gusta ese bicho, parece que siempre está… Pensando.
El niño parece de manteca, tan gordito. La leche de mi esposa hace que se vea tan fuerte y enorme al lado de otros bebés que nunca fueron amamantados. Es verdad lo que dicen, nada cría más fuerza que la leche materna. Lizzy también era así de fuertota. Hellen la alimentó durante dos años, y nunca nos enfermó de gravedad ni nada por el estilo. Solo pequeños catarros, y siempre fue una niña preciosa, bastante alta para su edad, aunque no demasiado. También era lista, listísima, como su hermano ahora. No puedo creer que las mujeres no le dean de mamar a sus hijos.
Va siendo hora de que le de las instrucciones a Jeremy en su tercera noche. Ojalá se lo crea…

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