Purple Eyes # 6: Loco

Una vez más, ha cerrado el local. Evans ya dice cosas como Mamá, Papá, silla… Realmente estoy orgulloso de mi bebé. Estoy seguro de que pronto será un hombre hecho y derecho.
Hellen ahora trabaja desde casa. Le hace bien, ya que me ha prometido no matar nunca más y así se mantiene distraída. Aún así, ella es quien me ayuda a planear los asesinatos.
De hecho ya hemos planeado el siguiente: En el nuevo local los antiguos animatronicos, es decir, los toy, serán usados en Parts and services y rescatarán la idea original: Restaurar los nuevos, ya que aunque son más feos son mucho más seguros.
El jefe se ha divorciado de su esposa, asi que no me queda más remedio que hacer la guardia nocturna hasta que contraten a un novato. Entonces, me mandarán a dar instrucciones y haré de camarero. Ahí entro yo.
Como nadie se fijará en esos animatronicos, podré asesinar dentro de esos monstruos a los niños, ya que ahí no hay cámaras, volvieron a hacer la pared falsa de siempre, el eterno fallo. ¿Que cual es el fallo? ¿Cuál va a ser? Los planos los tengo yo.
Fue jodidamente fácil conseguirlos, ya que el jefe me dejó las llaves de la oficina el último día porque me tocaba cerrar. Entré en la oficina y apliqué los conocimientos de dibujo técnico, la única clase en la que atendía. Fue copiar durante un rato y listo, ya estaba. Supongo que ya no soy tan calzonazos.
Aún faltan algunos detalles, pero Hellen me ayudará en todo eso.
Ese día, además, estaré cubierto, ya que un primo de mi hijo está de cumpleaños, hace tres añitos y Hellen va a ir con él. Solo tengo que tener cuidado de que no se equivoque, porque ya no veo cuando él se ocupa de mi. Solo oigo. Y cada vez soy más como una marioneta, más como esa niña.
De hecho, tengo miedo de mi mismo ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué sigo con esto? Podría pensar en ello, pero si lo hago, el otro yo me tortura, golpeando a Hellen o golpeándome a mi mismo.
No sé ni cómo me aguanta ella. Cada día me tiene más miedo, y se lo noto. Siempre me perdona, y me dice que en cama ya no soy el mismo. Ya no la mimo, ya no la acaricio. Ahora soy más cruel, sádico… Más él. Pero cada mañama me perdona, me sonríe de nuevo, me llama por nuestro mote, el mote que me había puesto Lizzy.
Lizzy… Cada vez que la nombra alguien entro en cólera. Está muerta. Muerta, y aún le quedaba mucho por vivir. Nadie tiene derecho a decir su nombre. Nadie menos yo. Yo y Hellen. Y solo yo debo vengarla, por ser su padre y porque es justo. Porque por mi culpa está muerta, porque mis ojos morados no la vieron a tiempo. Y también porque soy el asesino de morado.

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