Purple Eyes #9.1: Venganza

Abrió los ojos por por primera vez en años al sentir un ruido que procedía del exterior.
Olvidado, viejo, oxidado, sucio, solo… Así se sentía ahora Joseph dentro de esa armadura de cables.
Estaba podrido por dentro y roto por fuera, y era imposible sacarlo de esa armadura.
Pero, ¿De dónde procedía toda esa luz? Supuestamente estaba entre paredes, es la más profunda soledad, justo como aquellos niños que había matado. ¿Era a caso que la vida le estaba dando otra oportunidad? Imposible, se sentía como si lo acabasen de matar, y, además, si estuviera naciendo otra vez sería muy chiquito, tanto que no recordaría nada.
Intentó fijar mejor la mirada, pero era inútil, solo podía ver sombras y luces. Estaba casi ciego a causa de todos esos años encerrado entre cuatro paredes. Durmiendo sin que nadie lo supiese.
Cuando volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de los unicos sentidos que seguían activos eran el olfato y el oído, pero se habían vuelto tan agudos que podían comprarse con los del más fiero de los depredadores. Eso es, estaba totalmente ciego, los cables del  animatronico le habían aplastado los ojos, dándole un toque horrible.
Cuando una mano humana lo tocó por primera vez en años, el traje se agitó y dijo su frase de serie, ahora con voz horrible y ronca. Durante ese tiempo, Joseph se retorció de dolor por culpa de las varillas, que bajaban y subían. Se sentía como un canario, encerrado en una jaula
-¡VA-VA-VAMOS A DIVERTIRNOS, NIÑOS!-Divertirnos. Sí, sobretodo él, dentro de ese cacharro. Y, sorprendertemente, al humano le encantó. Tanto le gustó que se lo llevó a donde trabajaba.
Joseph, cada vez que intentaba abrir la boca, notaba como si mil agujas se le clavasen en el pecho. Seguramente eso también era cosa de la marioneta, que no estaba contenta solo con tenerlo encerrado.
Y pasaron las horas, en soledad, con el pobre Joseph recorriendo en silencio las instalaciones. Solo, sin la sensación cálida de la presencia de Hellen, la de sus hijos… Y entonces olió a un humano y el otro él salió. Iba a matarlo y torturarlo de todas las formas posibles, no se libraría de él. Y cuando terminó la noche y el muchacho ya se había ido, Joseph comprendió su castigo. Estaba condenado a ser una maquina de matar sin sentimientos, y nadie sabría de él ni de su historia. O no al menos hasta ahora.
¿Listos para el capítulo alterno?

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