Rog.

Sus piernecitas regordetas empezaron a hormiguear tras cinco horas corriendo. Llevaban dos días huyendo a través de la desierta estepa, y en cuarenta y ocho horas solo había podido comer un trozo de pan duro. Su pequeña cabecita sangraba, haciendo que fuese en zigzag, lo que causaba un derroche mayor de energía. Además su tripita, blandita a causa de su “corta” edad dolía a horrores, y cada vez que sonaba parecía que decía su nombre.

Quería quejarse, montarle una pataleta por hacerle correr tanto tiempo, y también deseaba hacer rodar gordos lagrimones para gritar mientras “Quiero irme a casa, maestro.”, pero eso ya era imposible. Su vida pasada, su casa, sus cosas… Todo estaba quemado, y de ello solo quedaba una cosa: La capucha que llevaba puesta para cubrir sus cuernos. Esa capucha roja que olía a cerrado y humedad. Y por esa razón no debía quejarse: Porque ella ya no tenía nada, al contrario que su “padre”. Él tenía a Anya, sufriendo y muriéndose de hambre sola.

Finalmente, su cansado cuerpo de niña de cinco años cayó, agotado, a pesar de estar consciente. Ya no le respondían las piernas. Era inútil, como siempre lo había sido. Y por esa razón, cerró los ojos y esperó el final, se lo debía a Anya, solo le había traído problemas a esa cría de humano desde que llegó a casa, primero clavándole alfileres en los ojos a sus muñecas y más tarde, cuando Anya llegó a la preadolescencia, esos tres años antes de llegar a la edad casadera, rompiéndole los vestidos de noche, que Anya se ponía para encontrar a un rico pretendiente. Pero no era culpa suya, era Zlo quien se lo decía, y desobedecer en esos momentos iba en contra de su naturaleza. Era como hacer que un oso pardo no comiera salmones. Por esa razón, cuando su “padre” se acercó a ella para llevarla a rastras, se revolvió y se tiró al suelo.

-¡Ya estoy cansada de escapar! Déjame morir, maestro. Dale al zar lo que quiere. ¡Para mi ya es suficiente!-Sus quejidos de cría, acompañados de sus rojas mejillas, que contrastaban más que nunca a causa de la nieve y su pálida y febril tez, parecían una simple pataleta, pero no, no lo eran. Estaba pidiéndole que viviese-¡No me importa ya lo que me vayan a hacer! ¡Vete con Anya!

-¿Y dejar de paso que creen correctamente a los de tu especie? No, gracias. Además aún tengo mucho que experimentar contigo-Siempre supo que el maestro solo quería ganar dinero con ella, pero siempre le pareció bien, era quien la había vuelto a despertar después de 300 años y eso, para bien o para mal, lo hacía su padre, y el padre era la máxima autoridad-Además…  ¡Esa mocosa seguro que era del vecino! Voy a hacer millones contigo, conseguiré a una mujer de familia rica y luego… Supongo que serás inútil. Pero primero tenemos que irnos de Rusia.

-¿Qué hay más allá de Rusia, maestro?

-Eso no te importa. Vamos, levántate o te llevaré de cara, Rog. Vamos… ¿No eres un demonio?

-Sí, maestro-Empezó a oír los ladridos de los perros de caza que usaban los guardas y mostró terror con sus ojos rojos- ¡Corre, joder! Ya están aquí. ¿Qué más da el dinero si…? Maesto ¿Por que vas hacia ellos?-Entonces se dio cuenta de que la había traicionado.

………………………………….

Rog abrió los ojos, aturdida, y lo primero que vio fue el cadaver de su maestro sobre ella, goteando roja sangre.

En un primer momento pensó que habían sido los lacayos del zar, pero una vez que se levantó y vio las pilas de cadáveres tanto caninos como humanos, todos semi comidos, supo que Zlo se había despertado hacía unos minutos, tal vez por el hambre y los sentimientos de odio y decepción que se despertaron en Rog.

-Te dije que estuvieses quieta, Zlo…-Pero, de todos modos, ella ya sabía que no podría reprimirla. La única forma semi útil de detenerla fue su contenedor de carne defectuoso.-No vuelvas a renacer.

…………………………………………………..

Contempló las montañas chinas desde su viejo templo. Rog, ahora llamada Oni, comía unos dulces que un anciano había dejado como ofrenda mientras reflexionaba sobre lo que estaba pasando en su país, Rusia, gracias a un tal Lenin, que hablaba de igualdad, todo de todos y nada de nadie. ¿Por qué era tan familiar? Oh, desde luego, por aquel sujeto que se reveló contra Dios según la biblia. Desde luego, no había quién comprendiera a los humanos. Pero… Recordar a ese sujeto le hizo recordar algo, algo que hacía muchos milenios que había olvidado. Dejó el dulce en el suelo y, apenada por el recuerdo, entró de nuevo en la estancia del templo en la que habitaba.
……………………
-Oye, despojo de un ala, mira hacia aquí.- Oyó Asael, un ángel puro, decir a sus hermanos-Mira que tenemos para tí- Y entonces contempló el macabro festival que los ángeles siempre ejecutaban y que él tanto odiaba. Un rito dedicado a los que cuestionaban en alto a quien los había creado: Los demás ángeles comenzaron a tirarle agua bendita, el veneno de los pobres ángeles desgraciados- Este es el castigo para los que cuestionan al Padre.
Asael, en cuanto se alejaron los otros ángeles, se acercó al desgraciado que había sido castigado y le tendió la mano. Sorprendentemente, este le escupió en ella, lo que le mostró que el ángel en cuestión, Dantalion, había sido sucumbido por el odio
-¿Deseas que te ayude a caer junto con Luzbel?-Dijo una voz inconfundible. Llena de prepotencia, a la par que belleza-Pobre diablo, estabas tan dotado de conocimientos… pero ¿De qué sirven si no amas al padre?-Otro escupitajo voló hasta las botas del ángel que acababa de aparecer. Dantalion empezó a temblar de rabia. ¿Qué derecho tenía ese tío a decir quien bajaba y quién se quedaba?-Y tú, Asael, aléjate de él, pues últimamente tu corazón está siendo corrompido por la lujuria.
-¿De qué nos sirve la libertad que el padre nos dio si no podemos cuestionarlo, Miguel?-Respondió Dantalion- Porque seguramente todo lo que dice no es verdad absoluta, ya que nadie está lleno de razón en todo momento.
-Supongo que ese es un sí a mi anterior pregunta- Asael se cubrió los ojos con las manos, sabiendo qué era lo que estaba a punto de venir. Mientas, el ángel Miguel le extirpó el ala que aún conservaba Dantalion. Entonces lo agarró por el cuello para someterlo, como si de un gato se tratara-Yo, Miguel, te condeno a habitar en el infierno, antiguo ángel Dantalion…-El lugar se llenó de ángeles, llenos de desprecio, que sonreían macabramente-… para ser la vergüenza de todos los de tu especie, y para que el aún puro ángel Asael aprenda de tus errores y no se meta en el mal camino-Y lo soltó, haciendo que cayese a una velocidad dolorosa. Miguel se aproximó a Asael y lo miró en silencio.-Ten cuidado con lo que haces o el siguiente serás tú.
…………………………
Se despertó, miró a los lados y bostezó. Se había quedado dormida. Se arrastró hasta la puerta corredera que mostraba el exterior y contempló las montañas, humeantes. ¿Cuánto tiempo había pasado? No lo sabía. Seguramente un par de días, como en su última siesta. Se acercó, hambrienta, a la bandeja de las ofrendas y la encontró, sorprendentemente, vacía, aunque no cambió su expresión de indiferencia ya que tenía comida en el armario porque cada vez venía menos gente. Cuando entró en la estancia, sin embargo, gritó espantada.
-¿QUIENES SOIS Y QUÉ HACÉIS AQUÍ? Esto es mi templo, y irrumpir aquí es insultarme.
A pesar de eso, los invasores se miraron y empezaron a hablar entre sí seguramente sobre cómo vender a esa niña pequeña en un idioma hasta ahora desconocido para ella. Al ver que la ignoraban se bajó la capucha y le clavó los cuernos, ahora enormes por el enfado. Los enemigos la llamaron de una forma para ella desconocida y se arrodillaron ante ella.
-Vaya… ¿Cómo decís? ¿Akuma? Puede que me vaya con vosotros- Agarró un bollo de carne del armario y se lo llevó a la boca – Me va a gustar mi nueva vida.
……………………………….
Hace 758 años
-¿Para qué me despiertas ahora, padre?-Asael se levantó del sueño en el que lo había sumido el padre hacía ya miles de años- ¿Ya has decidido levantarme el castigo?
-Veo que sigues igual de idiota e insolente que siempre. No, he decidido usarte, eres uno de los pocos ángeles que no me han traicionado del todo
-Pero también el único que no era importante para tí-Asael estiró las alas y se acercó al ser que tenía en frente-¿Y esto que es?
-Un demonio creado por los humanos.
Asael acarició el cristal que tenía al rededor el ser, que aún no se había despertado, y comenzó a ver belleza en él, con su cuerpo de mujer, sus cabellos azul celeste, su piel de un color vivo… Ella era todo lo contrario que él. Entonces sintió una voz en su cabeza.
“¿A caso crees que soy hermosa?”
Asael se llevó una mano a la cabeza, asustado, y miró al sujeto. ¿Qué coño era eso y qué hacía en su mente?
“No has respondido a mi pregunta.”
-Sí, lo eres-Puso la mano en el cristal y la miró con admiración. El ser abrió los ojos, de color negro puro, y se lo quedó mirando- ¿Por qué lo dudas?
“Porque tú lo eres y eres todo lo contrario a mi.”
Se miraron fijamente, a los ojos, hasta que el Padre se dio cuenta de que había hecho algo que jamás podría arreglar: Había cumplido la profecía de la creación del tercer anticristo, y solo había una cosa que podía hacer: Alejarlos, a toda velocidad.
-… Me gustaría fundirme en tí. ¿Cómo te llamas?
“Zlo. Pero aún estoy incompleta”
Y, cuando Asael rompió el cristal y la abrazó, Él le agarró el brazo.
-Tu misión es matarla. Es totalmente malvada, no te puede querer
-Nada es totalmente maligno, padre-Tiró del brazo que tenía apresado, y empezó a resolverse al ver que lo tenía apresado-Sueltame… ¡QUE ME SUELTES HE DICHO!
-¡Insensato! Hasta su forma femenina es un pecado.
Pero ya era demasiado tarde, habían comenzado a fusionarse para crear un nuevo ser, un ser que traería justicia… Pero algo falló, en la creación se comenzó a desatar la ira de la demonio, y Asael creó un recipiente para ella.
-Perdóname, Zlo, debí de haberte hecho caso cuando me dijiste que estabas incompleta.
-No importa, pronto estaremos unidos para siempre, y seremos perfectos.
-¿Y cómo nos llamaremos?
-Rog.
……………………..
-Hoy he recibido un puñado de arroz, tres mandarinas, un nikuman… ¡Jo! Así no hay Dios que se alimente.-Akuma llevó la bandeja de las ofrendas al interior del templo budista en el que vivía desde hacía ya 37 años y la dejó en la cocina de los monjes- ¡Oíd, tenéis que preparar mi comida!
Se dirigió al patio, aburrida, deseando que llegasen los novicios o los huérfanos para jugar con ellos, y empezó a hacer bolas de tierra. Solo paró cuando oyó pasos, y por aquel entonces ya había una treintena esparcidas por el jardín. Pero para su sorpresa, quien estaba detrás de ella no era ningún niño, sino un grupo de señores muy parecidos a los que tenía visto en Rusia.
-¿Y vosotros quienes venís siendo?-Pero cuando se dio cuenta de que no le respondían, ya que no la entendían, fue corriendo hasta el monje de quien era familiar.
-¡Abuelito, abuelito!-El monje, mudo desde hacía años, le revolvió el pelo con simpatía-¡Hay unos señores extranjeros, occidentales!-La expresión del viejo monje cambió drásticamente. Ahora estaba preocupado.-¿Qué va a hacer usted?
Pero antes de que pudiese ordenar algo o esconderla, un señor de pequeño bigote irrumpió en la sala
-¡Es de mala educación no quitarse los zapatos antes de entrar!
El traductor le dijo al señor algo al oído, y el hombre sonrió y dijo algo en un idioma extraño e incomprensible
-El señor dice que te quiere con él.
Akuma-chan enseguida reconoció el aura que desprendía el “Señor”. Era el aura de un anticristo.
-… Solo si cuidan del templo del abuelito.
Aún así, ella sabía que no volvería a ver al “Abuelito”.

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