El libro de Amélie: Capítulo 3

-Amélie-

Camino y camino hacia todos lados, buscando algo que me entretenga en esta jaula de cristal. Anhelo que ellos piensen que realmente he ardido, que hayan sido trastocados por el cambio temporal que cree, con el fin de que no me extrañasen.

Os preguntaréis por qué lo hago, por qué huyo de mis problemas… Pero realmente no lo hago, los afronto como buenamente puedo desde mi posición, similar a la de la triste Pandora.

Yo soy el principio, soy el fin, soy lo que todos y a la vez nadie desea ser. Una elegida, maldita por su curiosidad e ignorancia, como el triste Edipo ante su inevitable destino. Yo soy Amélie, la dueña del libro maldito, la joven que debió evitar que el mal entrase en su mundo de belleza. Y ahora yo, desgraciada, contemplo cómo, por mi desliz, todo mi mundo cae, cómo todo es corrompido, hasta aquel jardín que una vez guardé en mi libro, que ahora está infestado por la peste.

Mi estómago, al que en años nunca le faltó comida, gracias a mi libro, ruge ahora, salvaje, porque aunque el libro sea inmortal mi cuerpo no es inerte. Aún así yo sonrío, cómo no, pues siempre desee que llegase el final. El final de esta pesadilla creada por mi.

Me tumbo en la jaula, mirando al techo, y cierro los ojos, recordando los maravillosos días que viví con mis amigos, riéndome por las peleas de Adry y Gomu por un dulce aleatorio, los castigos que impartía Aiden… Aiden… ¿Qué había suspendido Aiden? Cierto… Lengua, Gomu se burlaba de él por ello. Lengua castellana. Oh dios. He olvidado algo.

Abro los ojos y me pongo en pie rápidamente. Oh dios, me he olvidado de él, el “Profesor”. No lo encerré en el libro. Sabía que faltaba algo. “JODER”, grito, golpeándome conta la jaula que yo misma cree. En ese momento, un conejo de peluche gigante, vestido de criada, se acerca a mi.

-No se dicen palabrotas, pequeña Ame- Ese conejo es cómo había plasmado, de forma inconsciente, los más dulces recuerdos de mi aya. Me fijo en las orejas, antes rosas, que ahora están corrompidas por una peste que las volvió verde podrido y casi rotas. También me fijé en el rostro que tiene ahora mi querida “Julia”. Ha pasado de ser tierno y maternal a horripilante y demencial, con unos ojos, que antes eran dos lindos botones, pesadillescos, y una boca que suelta relleno de peluche-La señorita se queda sin cenar.

-Julia, sácame de aquí…-Apoyo una mano contra el cristal que me encerraba. Debo alcanzar el final de este capítulo para poder salir y encerrar al monstruo que olvidé fuera.-Por favor, Julia…

-La señorita sigue estando castigada.

Y el conejo se va, dejándome ahí, muerta de hambre. Pero entonces recuerdo que en el fondo yo siempre le ganaría a Julia en una cosa: Ella solo era una criada, mientras que yo seguiría siendo la señorita.

-Si me dejas aquí se lo diré a mamá. Le diré que me matas de hambre, y entonces no volverás a tener un empleo.-Y como si se tratara de magia, Julia abre la jaula-Gracias, Julia.

-Sígame, señorita, la cena será servida.-Voy detrás de ella, celebrando mi victoria a sus espaldas tal y como lo hacían mis amigos. Lo admito, mis antes exquisitos modales están ahora en absoluta decadencia. Cuando llegamos me llevo las dos manos a la boca, para contener mis ganas de vomitar- Señorita… ¿Qué le pasa? ¿No es esta a caso su comida preferida?-Y así sería si me gustasen los sesos de cerdo, las tripas crudas de cabra y los gusanos vivos. Las representaciones de mis padres, un gato y un cerdo, comen como si se tratara del mejor de los manjares-Coma antes de que se enfríe.

Me siento en la mesa y me sirven, como si de sopa se tratara, un mejunje que apesta a mofeta. Primero intento fingir que lo como, pero al fijarme en la mirada de lo que ahí es mi “Madre” me doy cuenta de que debo comerlo. Y para mi sorpresa, me acabo el plato bastante rápido, a pesar de tener que contener el vómito.

Pero, cuando me sirven el plato de gusanos, decido huir de la mesa.

-Madre, padre… debo… Hacer algo.-Y los pequeños seres se quedan inmóviles. No recordaba que yo fuera tan poderosa. Aunque ahora que lo pienso, el libro es mío.

Comienzo a correr por el amplio mundo de mi libro, y me doy cuenta de que no sé si estoy hacia el inicio o el final de capítulo. Bueno, eso me da igual, solo espero que mi movimiento los altere, aunque aún así, empiezo a darme cuenta de que si mis padres y mi aya están representados de esa manera… Supongo que aún estoy en el primer capítulo.

Sigo corriendo y corriendo, hasta que diviso el cambio de capítulo. Genial, por fin se darán cuenta de mi existencia. Pero de repente las cosas se tuercen…

-Aquí todos estamos locos aquí.-Oh, joder, ya apareció el sombrero de Alicia. Solo debo ignorarlo. Pero no, es inútil, me sigue hablando- Feliz feliz no cumplea…

-¡Quieres callarte! Estoy haciendo algo importante-Le grito, desesperada. Al hacer eso, su mirada se vuelve más loca que nunca.

-¿Que me calle? ¿Que yo me calle?- Se ríe, como un completo loco, y yo aprovecho para largarme al otro capítulo.

En cuanto cruzo la frontera, el recuerdo corrompido de Aiden me toca un hombro,

-¿Qué tal estás… querida?-Reconozco su voz y me giro, para después empezar a gritar como una descosida. Su hermoso ojo derecho ya no estaba, y del hueco que quedaba se veía danzar unos gusanos al ritmo de Bonetrousle-Oh… ¿Por qué estás tan pálida?

Trago saliva y empiezo a caminar hacia atrás, mirándolo fijamente, hasta que choco contra algo. Me doy la vuelta y veo a mi amigo Adry, aparentemente normal, hasta que muestra una sonrisa de dientes absolutamente negros.

-Amélie… ¿Qué te pasa? ¿No somos a caso amigos?

-Eso, Amélie, deja de portarte tan raro-”Aiden” coloca su apestoso rostro sobre mi hombro izquierdo, y rodea mi cintura con unos brazos llenos de gusanos- ¿No me quieres a caso?

Me libero de su abrazo y me sacudo los gusanos que había dejado por mi cuerpo. Algo, entonces, se sube a mi. Ese algo tenía una voz femenina e infantil.

-No irás a dejar de lado a tus amigos. ¿Amigas para siempre, verdad?-Y sin duda, esa es “Gomu”.-¿Aún conservas la pulsera de la amistad?

La aparto de mi cuerpo y me fijo en que su pálida piel ahora tiene un tono verdoso, y en que le faltan mechones de pelo. Los tres recuerdos me persiguen, gritando mi nombre, como si de zombis se tratara, mientras yo sigo escapando de ese horror. Ojalá en algún momento se enteren de que sigo aquí.

Chicos, por favor, abrid el libro y entrad para sacarme.

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