El libro de Amélie: Capítulo 5

 

-Gomu-

Yo, como cada día después de clase, bajo al jardín de la academia a fumarme un pitillo. Abro el paquete y llega a mi ese olor tan característico a tabaco. Sonrío, me llevo el pitillo a los labios y, antes de encenderlo me fijo en el mechero, un Cippo que me encontré en los tejados de este gran instituto, cuando no nos dejaban fumar aquí. Abro la tapa y gozo del olor de la gasolina que desprende mi Cippo plateado. Entonces es cuando me dispongo a encender el cigarro.

Guardo el mechero en el bolsillo trasero y empiezo a caminar, sin prisa, gozando del paisaje, hasta el banco de madera más cercano. Ahí me desplomo y agarro el pitillo con el hueco que hay entre mis dedos índice y corazón. Lo aparto de mi boca y suelto el humo, que antes tragué, haciendo círculos en el aire con el humo. Sonrío al recordar que a Amélie le encantaba que hiciese cosas con el humo del cigarro. Le doy dos suaves golpes para tirar la ceniza y, cuando me vuelvo a llevar el cigarro a la boca, cierro los ojos, para recordar algo.

Me había despertado ese día bastante temprano para mi. Empiezo dos horas más tarde que los de educación obligatoria, y a causa de ello me acuesto a las tres. Me suda muchísimo la hora a la que los profesores apaguen las luces. Pero ese día no, ese era el primer día de Amélie en la escuela, y no podía llegar ni un minuto tarde.

Me apresuré a ponerme el uniforme, meterme los cordones de los zapatos por dentro y hacer la mochila, ya que en unos minutos sería la hora de desayunar. Bajé las escaleras de manera normal, sin demasiada energía, pensando que me desmayaría del cansancio. O eso pensaba hasta que olí el desayuno. Oh, sí, era lo que parecía, zumo de naranja, yogur natural y… ¡Oh dios, gofres, quería gofres, definitivamente! Y empecé a correr para ponerme en la cola. Entonces, choqué con alguien. En un primer momento, me froté la nariz, enfadada porque no me había visto, pero ese alguien era un amigo que conocía muy bien.

-¡Adry! ¿Qué haces aquí?-Agarré la bandeja para servirme el desayuno y me coloqué a su lado- Nunca había desayunado contigo.

-Eso digo yo, Gomu.-Me reí ante su comentario y coloqué zumo de naranja para los dos.-No es normal que vengas a nuestra hora. Sobretodo cuando nos toca con la Visagra

Puse cara de asco mientras Adry colocaba cucharas para los yogures. Pero no me juzguéis, estaríais igual si tuvierais una profesora con voz de… de eso, de visagra.

Todo fue bien entre mi amigo y yo hasta que llegamos a los gofres, porque ahí comenzó una guerra encarnizada por la posesión del menú del día. Y no en vano, eran los últimos.

-Las damas primero, gracias…-Dije, como excusa para adelantarme. Pero Adry me quitó el plato de las manos-¡Eh! ¿Qué crees que haces? Todavía tengo que crecer

-Querrá usted decir crecer hacia los lados, porque hacia arriba…-Se oyó un “Turn down for what” de fondo, seguramente por parte del fundador del club de amantes de los gatos-Además, yo soy más grande, lo necesito más.

Y cuando mi amigo intentó dejar el plato sobre su bandeja, alguien se lo quitó. Era Aiden.

-¿¡Qué haces, tío!?-Gritó Adry cuando nuestro amigo colocó el plato en una cuarta bandeja- No se lo des a un desconocido.

-Ese desconocido está en su primer día de clase… ¡Ostia, puta, Gomu! ¿Qué haces aquí?-Segunda vez que me lo preguntaban-Menudo susto me has dado.

-Ya lo sé- Dije, colocando unos cereales que sustituirían a los gofres en mi bandeja.-Si esque soy apabullante.

-Gomu, lo dice porque nunca se te ve-Gritó alguien por atrás. Otra vez el de los amantes de los gatos.

Después de que Aiden y Amélie recogiesen su desayuno, nos sentamos en la mesa en la que suelen estar sentados por la mañana.

-Ame ¿Tienes el estómago delicado?-Le preguntó Adry. Como respuesta, ella negó.-Genial, porque la pedazo bruta esta es capaz de cortarle el apetito a cualquiera.

-Oh, vamos, eso es mentira.-Y Aiden me dio una palmada en la frente, como respuesta- ¡Auch! ¿Qué? No dije ninguna gilipollez.

-No, pero has hablado con la boca llena, y eso da más asco que… ¡Yo que sé! Pero da mucho asco.

-Más que Ana no-Dije, para quitarle importancia a la conversación.

Terminamos de desayunar y acompañé a mis amigos al ala en la que se imparte la secundaria. Me fijé en el edificio y lo acaricié, en silencio, con un toque de añoranza, hasta que me acordé de lo mal que lo pasé para aprobar física. Ahí le escupí. Zas. En toda la geta. Bueno, más bien en toda la columna. Ahí se nos acercó Alex, el fundador del club de amantes de los gatos, acompañado de su novia.

-Buenos días Adry, Aiden y chica nueva.-Dijo, sin darse cuenta de mi existencia, hasta que me vio- ¡Ostia, Gomu! ¿Qué haces…?-Le puse la mano cerca de la cara. Ya era la tercera vez que alguien me lo decía.

-Lo sé, soy demasiado genial para vosotros. No pasa nada, os firmaré las tetas ahora mismo.

-No… Lo sorprendente es que estés aquí una primera hora. Y sobretodo en este sitio.- Puntualizó su novia. Nunca supe cómo se llamaba realmente, se me olvida por completo cada vez que me lo recuerdan, pero a causa del collar de cascabel que lleva en el cuello siempre y por lo que le gusta que le acaricien la cabeza todos la llamamos Neko, asi que supongo que siempre será su nombre- No sé si recuerdas el espectáculo que montaste el último veinticuatro de junio.

-¡Anda ya! Una ostia se le escapa a cualquiera.

-No si es para la Visagra- Respondió Adry rápidamente.-De hecho deberías irte yendo, se acerca y no te queremos otra semana en la calle. ¿Cómo hacen tus padres para pagar esta academia?

-Simplemente no la pagan.-Contesté, encogiéndome de hombros- Negocio familiar… El director hizo… Pactos con mi padre. Nada interesante.

-¿Es que tu padre es banquero y el director le pidió un préstamo?-Preguntó entonces Alex.

-Algo así. Bueno, me voy. Hasta la comida.”

Tiro el pitillo al suelo y lo aplasto con el pie, para luego ir andando al cuarto del club de la Operación Garnet.

Y para mi sorpresa está vacío. Más vacío que un prostíbulo al mediodía.

Yo, claramente, me extraño. Es imposible que no estén, teniendo en cuenta que habíamos quedado para seguir recapitulando. Ahí es cuando me doy cuenta de que algo debe de ir mal, realmente mal.

Corro por el pasillo, intentando llegar a la habitación 1150 de la segunda planta del ala masculina, fijándome en los letreros. Veamos, 809, 929… ¡Aquí está, el cuarto de mis amigos!

Rápidamente giro el pomo, hasta que me doy cuenta de que la puerta está cerrada por dentro. Llego a la conclusión de que deben de estar cambiándose de ropa, y le doy golpes a la puerta.

-Eh, Adry, Aidey, ya llegué. Vamos, abrid, que no hay mucho que ver…-No se oye ni la más mínima respuesta. Ni un solo ruido. Me estreso y empiezo a darle a la puerta con más fuerza.-¡Joder, contestadme! ¡Me estáis preocupando!-Una vez más siguen sin hacerme caso. Decido tirar la puerta abajo, y cuando lo consigo, para mi sorpresa, está todo vacío. De la desesperación empiezo a llorar. No sé dónde están mis amigos ni cómo están. No me sentía tan sola desde hace años. Alguien toca entonces mi hombro.

-¡Suéltame, joder, no tengo tiempo para tonterías!-Golpeo a quien me había agarrado el hombro con mi codo, en la boca, y consigo partirle un diente. Pero al rato me doy cuenta de quien es: Adry, que había venido a decirme algo- Oh dios mío, Adrián, joder…-Le tiendo, apurada, la mano y lo abrazo arrepentida-Joder, cuanto lo siento.

-Está bien, Gomu.-Aunque por la situación actual de su paleta izquierda y por cómo le había hecho sangrar no tiene pinta de que algo esté bien-Esto se va a resolver con un implante, ya verás. Escucha.-La proninciación de las eses sonaban como una “sh”, por culpa del diente y del golpe- Aiden está… Será mejor que lo veas.-La cara de preocupación de mi amigo eclipsó por completo el tema del diente.

Y fui con él agarrado hasta la enfermería, teniendo cuidado de que no se cayese por las escaleras.

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