God of Mafia (4)

Hace 11 años

Una prostituta se acercó a un Mercedes negro, sin matrícula. No tenía pinta de ser italiana. Aquella noche siciliana estaba llena de calma. No había yonkis en los callejones, las jóvenes parejas cenaban tranquilamente, enamoradas. La harmonía se respiraba en esa pequeña isla. Nada podía corromper el romanticismo de ese día. Nada, salvo la mafia. Y esa rubia extranjera que se insinuaba de tal manera.
El padrino salió, excitado, atraído por el contorneo de esa mujer.
-¿Cuánto cobras por tus servicios?
-¿Cuánto llevar tu encima?-el torpe italiano de la mujer, con su acento nórdico, era aún más excitante para el italiano.
-¿Y si te doy algo mejor?
La agarró por las caderas y la dirigió hacia su coche. Pensaba en tirársela y matarla. Tal vez la echaría en una cuenta o se la daría de comer a los perros. Pero cuando ella se resistió a entrar le atrajo aún más que antes.
-No, no, no. Yo querer dinero. Tu no dar, yo no dar.
-Te daré trabajo. En mi sitio.
La prostituta asintió, aspirando a una vida mejor.
Actualidad
Lo primero fue el cambio de nombre. Para ello, durante las clases, hizo una lista de nombres posibles. Chiara, Daina, Benita… Las opciones eran infinitas. Se recostó en la silla, desesperada, y miró al techo.
-Helénica-la tutora, más comprensiva ahora, detuvo la clase y la miró-¿Qué te pasa?
Una legión de miradas infantiles se dirigió a ella. Empezó a ponerse nerviosa y temblar, pensando que sería la burla de esos pequeños corderos. Adry fue el que habló por ella.
-¡Tiene una lista de nombres, seño!
Helénica quería matarlo y comerse su cadáver, pero al final los deseos homicidas se disparon. La tutora le revolvió el pelo y tomó la lista.
-¿Por qué quieres cambiarte el nombre?
-No recuerdo el nombre que me puso mi madre.
La mujer dirigió una mirada compasiva hacia la niña, dejó la lista y prosiguió la clase.
Lo segundo fue el cambio de imagen. Y esa sudadera vieja y enorme tenía que ser cambiada. Fue robando piezas de ropa por las distintas habitaciones.
-Robar está mal.-dijo una voz a sus espaldas.
Un escalofrío recorrió la espalda de Helénica, y se fue girando, lentamente. Ahí descubrió a la vieja señora que la había llevado a su habitación.
-Deja eso donde estaba y ven conmigo.
Obedeció. Tras dejar toda la ropa, acompañó a la mujer hasta la habitación del servicio. La anciana abrió la puerta, lenta y silenciosamente, dejando ver un cuarto muy cuidado y de estilo campestre. Olía a rosas blancas y se podía sentir toda la calma del ambiente rural.
-Yo soy de un pueblo de Alabama.-dijo ella, para sorpresa de Helénica.
-Yo de Sicilia.-miró a los lados, sorprendendida por la enorme cantidad de muñecas de porcelana que ahí había.
La cuidadora bajó de encima de su armario una caja llena de ropa femenina.
-Siempre quise una hija. Ven. Ponte lo que más gustes.
-Siempre quise una madre- contestó Helénica.
Las dos se miraron y la vieja sonrió.
-Mi nombre es Ursula.
-Mi madre se llamaba Thordiss. Y mi nombre seguramente lo sabes.
-¿No has pensado en cambiarlo?
-¿Cómo habrías llamado a tu hija?
La anciana sonrió y le acarició la nuca.
-Oriana.
-Me gusta. Y ya sé cuál será mi mote en la mafia.
-¿Cuál?
-Gomu. Gom de God of Mafia. Es lo que deseo llegar a ser. Y U de Ursula.
La anciana sonrió y se acercó a la máquina de coser de su cuarto.
-Será mejor que te vaya haciendo un traje acorde a cómo eres. Será mejor que esas viejas ropas.
-Como quieras, abuelita.

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