Genious of Mafia (5)

Abrió la puerta de su cuarto y pasó, en silencio. Los dos chicos la miraron, con cartas de poker en mano. Las macabras sonrisas en sus rostros hicieron que ella comenzara a sentirse incómoda. De todos modos, se tiró en su cama y miró al techo, pensando en la mentira que había vivido todos estos años. Finalmente, uno de los dos abrió la boca.
-¿Cómo te tenemos que llamar?-preguntó el más alto.
Ella le dio la espalda, asqueada por su presencia. Le caía horriblemente mal. Pero él no desistió. No sabía hacer eso. Siguió agitando su cuerpo diminuto, diciéndole “Hey. Oye. Contesta.” Finalmente perdió la paciencia y, con los brazos sobre los ojos, le contestó.
-Gomu. Punto.
Eso hizo que Adrián se riese, y añadió, entre carcajadas, un comentario que la indignó.
-Gomu de mascar.
-¡Vete a la mierda, subnormal!- Le tiró la almohada, con rabia, y eso hace que Dani se abalance sobre Oriana.
-¡Deja en paz a Adry!
Oriana le da un puñetazo, comenzando así una pelea entre los dos, mientras Adry los mira aterrorizado, cerca de la puerta.
Ella grita cuando el más joven le tira del pelo, y con eso con ello consiguen que Ursula se acerque a comprobar lo que está pasando.
-Mierda.-pensó la joven, preocupándose por lo que podría decir la anciana cuidadora
-¿Qué hacéis?- la vieja abrazó, cariñosa, a Adrián, que estaba temblando ante la pelea.- Fijaos. Estáis llenos de sangre y negrones. Sabía que era mala idea juntaros.
Aiden miró a la señora con absoluta frialdad. Sin importarle sus palabras. Y se fue de ahí, sin dar ningún portazo.
-Ahora vas a seguirle para llevaros bien.
-… Pero…
-Ni pero ni pera.- y se fue a la cafetería con el otro niño.

Oriana, ahora fuera de la residencia, decidida a ser una nueva persona, caminó por los jardines en busca de su compañero de habitación.
Paseó por los casi infinitos laberintos. Preguntó en todos los edificios abiertos. Pero la búsqueda no fue fructífera. Estaba a punto de rendirse, pero al sentarse, agotada, se fijó en una figura que se movía, ágil, por los tejados del edificio de secundaria.
Se levantó de un salto, corrió hasta la enorme construcción y trepó velozmente por las columnas de estilo neoclasico.
Tardó veinte minutos en llegar al tejado, pero el esfuerzo mereció la pena. Ahí estaba él, con su expresión unánime.
-Lo siento-gritó ella- Prometo cambiar. Prometo tratarte como un ser humano. Y no como a una presa.
Pero la ignoró.
-Por favor…- al ver que giraba la cabeza hacia ella, caminó a donde estaba él. Se situó a su lado, en el borde del tejado, y volvió a hablarle- ¿Qué deseas que cambie?
Y la empujó fuera del tejado. Por suerte, algo muy veloz la agarró cuando estaba a un metro del suelo.

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