God of Mafia (10)

-Vale, Simon. Lo has conseguido, estoy en la biblioteca. Ahora dime dónde están Adry y Dani.

-Creo que es momento de que sepas un poco sobre…

-¿Qué? No. Osea, tú siempre decides cuando se habla y cuándo todo es un puto misterio. Y mira, me parece pero fatal. Eres un idiota, un caradura y además no me quieres enseñar a hacer eso de moverse super rápido, como si fueras un ninja. Además, ahora quieres hacerme esperar, para que maten a mis amigos.

-¿Helénica, quieres dejarme hablar un momento? Solo retrasas más las cosas.

Ese comentario me llenó de ira, y hizo que en cuestión de segundos él estuviera en el suelo con la nariz rota. Irónicamente, eso fue lo que me empujó a sentarme y hablar con él.

-Simon ¿Qué cojones? ¿Por qué sangras alquitrán?

Miré mis nudillos, los cuales estaban llenos de una sustancia negra y pegajosa, que estaba dura. Y mientras yo estaba enfrascada en la extraña sangre de ese sujeto, aprovechó para inmovilizarme contra la pared. Así, sin más. Mediante la telequinesis. Eso me hizo fllpar aún más.

-Ahora me vas a escuchar. ¿Entiendes, bonita?

-¿Qué coño eres?-Pregunté yo- ¿A caso estás vivo?

Él sonrió, serio. El brillo de sus ojos se apagó, como cada vez que algo malo pasa. Y vaya si iba a pasar.

-La misión de tu padre… Bueno, es hora de que hablemos con propiedad. La misión del dios de la muerte es acabar conmigo. Mi padre era el señor de la vida.

-¿No sería Dios de la vida?

-Casi. Pero no. La vida fue creada por los dioses, sí, pero mi padre, el antiguo señor de la vida, se adueñó de la fórmula de su creación. Yo fui creado artificialmente en su laboratorio, siendo solamente 001. Aún así, al ver que crecía y adquiría conocimientos (Aunque a un ritmo asquerosamente lento) me quiso tanto que llegó a ponerme un nombre. A seis de los 7 dioses les encantó y nombraron a mi padre señor de la vida, convirtiéndolo en semidios y a mí en su heredero. La verdad, todo era genial por aquel entonces.

-¿Y el Dios que estaba en contra?

-Era el amargado del dios de la muerte. Ahí, empezó a dar mucho la lata. Pero lo peor fue cuando mi padre se casó…

-¿Con quien?

-Con Pandora.

Parpadeé, perpleja. ¿Pandora? ¿Eso no era super antiguo?

-Oye, chato,-dije- Tú eres super viejo y tal.

-Sí, soy egipcio. En fin, que eso cabreó a la diosa principal, quien amaba a mi padre, y maldijo a Pandora. Así pues, una vez que nació mi hermano Paul y mi hermana Amopotev, Pandora recibió su caja maldita.

-¿Por qué tu hermano y tú tenéis nombres modernos?

-Nos hacemos pasar por gente moderna. No me interrumpas… En fin, que la Pandora no la abría ni para atrás, y la diosa la poseyó y se la hizo abrir.

-Qué mala gente.

-Y tanto. Que bueno, al final tuvieron que encerrarla en la caja. La diosa esa le echó la culpa a Pandora, todos se lo tragaron y el Dios de la muerte dijo que cada mujer que heredase la sangre de Pandora estaría maldita. Solo un dios, que lo había visto, se opuso. El Dios del espíritu. Pero, además, condenaron a muerte a mi padre, quien huyó, durante un quintichullón de siglos, hasta los años cincuenta. Ahí se lo cargaron y su título fue mío.

-Oh.¿Y qué pasó con el Dios que se opuso?

-Lo tiraron a el y a su bestia, y lo condenaron a vivir como humano, amnesico, cerca de las pandoras, haciendo que se sintiese como basura siempre. Su bestia fue enviada a otro planeta y fue usada como juguete de matar.

-Ah… ¿Y yo que soy, a todo esto? Porque por algo me lo has contado…

-A eso quería llegar.-rió, con sus ojos brillantes y jóvenes de nuevo, y me revolvió el cabello.-Eres la bestia de Pandora. Mi primera y última creación… Bryn accedió a gastarte y protegerte, hasta el día que tú la fueras a proteger a ella. ¿Qué nombre te dio?

-No recuerdo.

-Cómo no. El Dios de la muerte se vengó, y bien. Te hizo canalizar tu furia protectora de manera negativa.

-Ya… No tengo forma de bestia.

-Bueno… Ya la sacarás en momentos de necesidad, Irene.

-¿Cómo me has llamado?

Volvió a despeinar mi ya alocada cabellera. Después, me señaló un libro.

-Ahora debes entrar ahí.

-¿Eh?-alzó las cejas, para mostrar que iba enserio. Suspiré y me senté en el suelo, con cara de resignación.- Te juro que solo te entiendo el dos por ciento de lo que dices.

-Solo confía en mí. Seré el narrador y te iré diciendo hacia dónde tienes que ir.

-¡Pero solo es un libro!- grité- ¡Un objeto inerte!

Dejó el denso libro sobre la mesa, abierto en el prólogo. El ejemplar parecía un incunable de la edad media. La verdad, viniendo de él sabía que debía de temer al libro.

-¿Ah, sí? ¿Nunca te has preguntado qué sucede cuando cierras un libro? Estas cosas se recargan de magia. Bueno, los libros buenos, hechos por un escritor paciente y amoroso, no como esos best sellers. Llevo toda mi existencia luchando contra eso.

-Bueno. ¿Y?

-Y que esa magia te transporta, cuando lees, a un mundo lejano, de manera psicológica. Pero… ¿Qué pasa cuando lee en alto un ser divino? Transporta a quien quiere dentro de él.

-¿Entonces el padrino tiene ahí a los chicos y al director?

Asintió. Entonces, yo me tiré en la alfombra, mirando al techo.

-¿Por qué tengo que hacer esto?

-Porque eres la bestia de Pandora. Superas el poder de muchos. Ahora, solo… No cierres los ojos. ¿Has leído el infierno de Dante?

-Estoy harta de leerlo.

-Genial.

Simon comenzó a leer el extenso poema renacentista, con el que me empezó a entrar el sueño. Bostecé, aburrida, y, cuando me quise dar cuenta, estaba cayendo en picado. Lo primero que hice fue cerrar los ojos.

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