Disforia

Cuando me ducho, suelo mirarme en el espejo un buen rato.

Me miro de espaldas. Me gusta mi espalda. Está torcida, está mal. Sí. Pero es ancha, es suave y se corresponde conmigo. También mis piernas. Son propias de mi.

Pero así que empiezo a girar mi cuerpo y me miro de frente, encuentro algo que no se corresponde conmigo: Mi pecho.

Comprendo que mi sexo no se corresponde con mi género, pero no me incomoda. Sin embargo, tener pecho me molesta. Hace que me sienta mal. No me pertenece. Verlo en mi es como sentir que alguien cruel puso eso en mi y siento que necesito extirparlo.

En efecto, tengo disforia. Pero no solamente con eso. También con los pronombres. Aguanto el uso del femenino en mi, pero de verdad que me incomoda. ¿Es que es tan asquerosamente difícil usar el masculino? Ya no pido el neutro. Solo el masculino. Con eso me conformo. Pero nadie lo hace. Nadie me escucha. El agujero en el que me sumo día a día a causa de mi género nunca será iluminado. Qué le voy a hacer.

No puedo evitar ser consumido por lo que no soy ni tampoco puedo evitar el tener que representar una y otra y otra vez el mismo personaje.

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5 comentarios en “Disforia

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