God of Mafia (11)

Noté que caía en picado, y yo, claramente, chillé como una descosida. Me iba a morir. Lo veía claro. Y, desde luego, yo no quería mirar.

Debes abrir los ojos si quieres sobrevivir.

Una voz tranquila y familiar sonó en mi cabeza, diciendo eso. Yo obedecí. Y de repente, se formó una burbuja azul a mi alrededor.

La caída fue lenta y placentera. La ciudad renacentista que tenía a mis pies era preciosa, parecía la decoración de una tarta de cumpleaños. Cumpleaños. Algo que, por primera vez, había celebrado con esos amigos tan importantes.

Estuve una hora en la burbuja, tarareando canciones que siempre estuvieron en mi cabeza pero que no sabía de qué venían. De todos modos las adoraba. Seguramente las había cantado mi madre para mí en algún momento de mi infancia. Y entre canción y canción, la burbuja estalló y me quedé, literalmente, suspendida en el aire.

Eres la protagonista, Oriana. ¿Qué deseas que pase ahora?

Mis brillantes ojos miraron hacia ambos lados. La pequeña ciudad de decorado de pastel era ahora más grande, y se veía más desgraciada. Como azotada por el hambre. Me puse en pie, suspendida, y decidí hablarle a la voz de mi cabeza.

-Caminaré hacia el suelo. ¿No estoy en el infierno de Dante? Me haré pasar por Virgilio.

Y así, él comenzó a narrar todo mi descenso, que seguí paso por paso, cual títere. Después, una vez en el suelo, encontré a Dante recitando su larguísimo poema.

-En medio del camino de nuestra vida
me encontré un oscuro bosque,
ya que la vía recta estaba perdida.

Madre de todos los dioses. Eso iba para largo. Me senté en un tocón. Alguien tendría que enseñarle a dejar de hablar en verso. No me extrañaba que su amada se muriese. Con ese tostón de hombre lo difícil es no morirse del asco.

En cuanto ví que bajaba de la colina, rodé hacia él.

-¡Espera pequeño cabrón!-Grité, como si la vida me fuera en ello.-¡Que tu jodido poema no acaba aquí! ¿Te enteras, gilipollas? Vamo’ al infierno-En ese momento hice el gesto del meme correspondiente, en paz descanse.-Tú a follarte a tu novia y yo a por mis dos amigos. ¿Te enteras?

El pobre narrador transformó mis palabras en los versos del poeta Virgilio, solemnes y calmados. Así daba gusto.

-¡Oh!¿Eres tú aquel Virgilio, aquella fuente
que expande de elocuencia tan largo río?-Siguió dándome la lata con sus humanistas versos, mientras yo le pedí al narrador que hiciese aparecer un zumito marca Dalas. Acabé la bebida y el poeta estaba recitando, haciendo la croqueta y con un orgasmo digno del éxtasis de Santa Teresa.

-Sí, hombre sí. Mira ¿Qué te parece un tú, yo, el infierno? ¡Piénsalo! Mira, vamos juntitos que da mazo mal rollo y yo no tengo ni puta idea de eso del infierno pero cuatro ojos ven mejor que dos y malo será que no encontremos una señal.-Claro está que el narrador pasó todo esto a culto, de forma que el italiano, tras oir esto, sonrió, asintió y dijo algo tipo “Pégate conmigo que tu me llevas y yo te sigo. Quiero una aventura contigo. ¡Y arrancate! Siento que me excito.” (Fiendly reminder de que la canción, de Ylenia, es basura.) Asi que allá fuimos, él detrás de mi, cual lapa, hasta llegar al siguiente capítulo.

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7 comentarios en “God of Mafia (11)

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